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Ocupados con el paro

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El debate sobre la cifra de desempleados no aporta apenas para comprender la situación porque no corresponde a la evolución del empleo y, en Euskadi, la destrucción de empleo es mayor que el aumento de las demandas de puestos de trabajo.

Artículo de Joaquín Arriola (Profesor de Economía Política de la UPV/EHU) publicado en DEIA el 21-06-2009

La cifra de desempleados se ha convertido en los últimos tiempos en arma arrojadiza en el debate político. Un debate que por otro lado no aporta gran cosa para entender lo que nos está pasando, tanto da que la dichosa cifra suba, baje, o baile una sardana.

Más ilustrativa que la cifra de desempleados es la evolución de la ocupación. Y ahí si hace falta echar la vista atrás para tener un poco de perspectiva. En Euskadi, los 750 mil ocupados de la época de la transición política (1977) no se volvieron a conocer hasta 20 años después (1997). Pero dos años después, en el año de la implantación del euro, se superó la barrera de los 800 mil empleos y cuatro años más tarde los 900 mil. La economía vasca llegó a dar empleo a más de un millón de personas en el tercer trimestre de 2007, pero en los dos trimestres siguientes regresó a los niveles de ocupación de 2005, algo menos de 950 mil. Que, con todo, siguen siendo niveles de ocupación muy superiores a los de finales del siglo XX.

Por tanto, una destrucción de empleo importante, pero que nos mantiene en niveles muy superiores de ocupación a los habituales en el siglo pasado y mucho menor que en otras comunidades autónomas. De hecho, Euskadi sigue el patrón de la cornisa cantábrica, donde la destrucción de empleo respecto al pico histórico es menos de la mitad que en el levante español, el sur y las islas.

En esta evolución, sin duda, ha influido el mayor control —o menor descontrol— que ha habido en Euskadi en el tema de la burbuja hipotecaria. De hecho, las entidades bancarias vascas tocadas por la crisis inmobiliaria lo han sido por aspirar a obtener superbeneficios especulativos.... en el levante hispano. El desempleo siempre sigue una tendencia inversa a la de la ocupación: es la variable dependiente. Pero los parados no corresponden necesariamente a la evolución del empleo. Así, en el momento de máxima ocupación, en el tercer trimestre de 2008, había según la encuesta de población activa 67 mil parados en Euskadi. A la altura de marzo de este año se habían perdido oficialmente otros 65 mil empleos. Pero el paro solo aumentó en 41 mil personas. En España, habiendo perdido 1,4 millones de empleos desde el pico de ocupación en el tercer trimestre de 2007, el paro registró un aumento en dicho periodo en 2,2 millones de personas.

Estas diferencias reflejan comportamientos muy dispares, así por ejemplo, un 44% del aumento del paro registrado desde el pico de ocupación en Euskadi son mujeres, frente a un 37% en el total estatal. En España, las pérdidas de empleo que afectan en primer lugar a los que tienen condiciones contractuales más frágiles se ha cebado primero en la economía sumergida, que no se contabilizaba como ocupación, pero sí aparecen como parados. Por eso, la aparente destrucción de empleo es mucho menor que el aumento del paro. En Euskadi ocurre a la inversa, la destrucción de empleo es mayor que el aumento de las demandas de empleo.

Una adecuada interpretación de este fenómeno es esencial para acertar con las políticas más ajustadas a la situación concreta del país. Aquí solo puedo adelantar dos posibles claves de interpretación: por una lado, los inmigrantes, colectivo laboralmente frágil donde los haya, al perder su puesto de trabajo se desplazan a otras comunidades con mayor volumen de contratación orientado a este colectivo. Otra posible causa de esta disparidad en las cifras: en Euskadi se está comenzando a sumergir parte de la actividad económica y parte de lo que era ocupación registrada ahora es empleo clandestino. Este factor explicaría entre otras cosas por qué la recaudación fiscal ha caído mucho más que la actividad económica.


En todo caso, los pocos datos analizados son suficientes para deducir dos conclusiones importantes: a pesar de que siempre se vende mejor como cifra noticiosa, no es la evolución del paro, sino la de la ocupación la que debe ser la referencia principal de las políticas para luchar contra la crisis. Y en segundo lugar, para generar empleo, no se pueden aplicar en Euskadi las mismas recetas que en otras partes de España, porque el funcionamiento del mercado de trabajo es sustancialmente diferente. Porque más allá de las cifras cuantitativas, la calidad del empleo -el existente, no el que se quiere para el futuro- determina el margen de maniobra de las políticas públicas.

Por ejemplo, el valor añadido por cada empleo en Euskadi equivale a unos 55 mil euros, frente a 47 mil de media en España, o 51 mil en la comunidad más rica (Madrid). Esto significa que la riqueza generada en Euskadi permite desarrollar políticas públicas más ambiciosas que en otras comunidades autónomas, recaudando un mayor porcentaje del valor en impuestos, y destinando esos recursos a la creación de empleo público en servicios y a la promoción de empresas y a facilitar el salto tecnológico en la industria, donde cada empleo genera más de 60 mil euros de valor añadido.

Por el contrario, si las políticas se orientan sobre todo a facilitar ingresos a la población desempleada o a descapitalizar los recursos humanos promoviendo la flexibilidad en el empleo, el impacto a medio plazo será una reducción del valor generado por cada trabajador.

Ojo por tanto con la copia de recetas, que en el mejor de los casos pueden ser inocuas, y en el peor, agravar al enfermo.

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