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Las dos ciencias de España, vistas por la revista Science

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Las dos ciencias de España, vistas por la revista Science

“España no ha visto el crecimiento científico y productividad que otros países Europeos como Inglaterra o Alemania han disfrutado. Las subvenciones han sido pequeñas, y su sistema académico y de investigación ha sido asolado por una cultura burocrática invadida de funcionarios públicos con ningún incentivo para la excelencia. Pero los tiempos en España están cambiando.”
Esta es la frase que se puede leer en un artículo publicado hoy mismo en la revista Science sobre el estado de la investigación científica española. Revisemos qué comunica esta prestigiosa revista a la comunidad científica internacional.

El cambio a que se refiere es la reciente aparición de un nuevo tipo de institutos de investigación que “han incrementado el reclutamiento de científicos extranjeros, el retorno al país de investigadores españoles, y creado un sentimiento de entusiasmo en que España va en buen camino hacia tomar un papel importante en la escena científica internacional. Aunque todavía haya mucho que hacer”.

Antes de citar los últimos recortes debidos a la crisis, recordemos de dónde venimos. Es importante tenerlo en cuenta.

El artículo explica que según la Ministra Cristina Garmendia, España ha pasado del puesto número 30 al noveno en ranking mundial de publicaciones científicas, representando el segundo crecimiento más rápido del mundo después del de China.

Sabemos –y refleja perfectamente este reportaje reciente en El Pais- que el problema español no está en la cantidad de publicaciones sino en su calidad y generación de patentes. El artículo no lo esconde, pero aún así, “cuando uno mira en perspectiva histórica España está en una buena dinámica de mejora sólida”, explica el actual secretario general del Consejo de Investigación Europeo Andreu Mas-Colell. Mas-Colell reconoce que la inversión todavía es escasa, pero asegura que “el ritmo al que crece (del 0.6% del PIB al 1.35% en 20 años), sí es remarcable”. Desde su dilatada experiencia, pide a la comunidad científica que tras 5 años incrementando un 25% el gasto público en ciencia, intenten resistir un par de años de recortes debidos a la crisis económica. Pero también advierta al gobierno de lo frágil que es el sistema científico en España, y asegura que para mantener el nivel “es imprescindible que la política científica sea selectiva, y ponga recursos en las instituciones que ya han demostrado que pueden competir internacionalmente”. La solución radica en concentrarse en la excelencia; la palabra de moda en la ciencia española.

Parece que se están fraguando dos caras de la investigación en España. Por un lado, el artículo no deja muy bien parada a la Universidad, diciendo que “está saturada de funcionarios centrados en la enseñanza en lugar de hacer investigación original”, y que en muchas de ellas se trabaja en “condiciones primitivas”. También se queja que en el CSIC los proyectos tienen una financiación cada vez más pequeña; insuficiente para generar resultados que lleguen a tener impacto y competir a nivel internacional.

Por otro lado, el texto alaba a este nuevo modelo de centros que trabajan con total independencia, evalúan constantemente a los científicos en función de sus resultados, atraen hasta un 65% de investigadores internacionales, se les ofrecen equipamientos técnicos y laboratorios de primer nivel, y “están contribuyendo a la metamorfosis nacional”. El artículo de Science escoge como un ejemplo de este tipo de nuevas instituciones al Centro de Regulación Genómica (CRG) dirigido por Miguel Beato en Barcelona. A pesar de tener un presupuesto modesto de 12 millones de euros y escasos 10 años de vida, el CRG se sitúa en primer lugar de España y vigésimo del mundo en número de citaciones científicas. Miguel Beato habla claro: “La mentalidad del funcionario fue –y todavía es- el primer obstáculo para la ciencia española”. En un centro como el CRG, los investigadores son evaluados cada cierto tiempo para decidir su continuidad. Incluso en ciertas posiciones hay una salida forzosa tras nueve años. En el País Vasco también están funcionando con gran éxito centros impulsados a nivel regional por su propia fundación Ikerbasque. En ese modelo en cambio, “sí ofrecemos estabilidad laboral, porque es más difícil atraer científicos internacionales”, explica el científico Nicola Abrescia, añadiendo que “eso no implica que te relajes, porque ves que están haciendo una gran inversión en ti, y eso te motiva a avanzar. Es una región en dinamismo, con gran potencial, y dentro de un tiempo será un centro internacional de excelencia”.

El secretario de estado en investigación Felipe Pétriz busca otra fuente de empuje a la ciencia española: fortalecer la relación entre el sector industrial y la I+D pública. La búsqueda de innovación empresarial debe ser uno de los motores de la investigación financiada por el estado. ¿Cómo? Dos prioridades: Una, el sistema debe promover que los investigadores concentren sus esfuerzos en resolver problemas planteados por compañías. Y dos, se deben crear canales para que las empresas financien proyectos que ellos consideren interesantes. Sin duda, la pobre aportación de capital privado a la ciencia española es uno de los problemas más serios a atajar en el nuevo modelo de investigación científica en España. El otro, abrir el sistema. Andreu Mas-Colell concluye que “la cuestión es si queremos hacerlo o no (conseguir objetivos ambiciosos). La clave es reformar el sistema de investigación para hacerlo más abierto de lo que es ahora. El número de centros de investigación que contratan a líderes de todo el mundo es todavía pequeño. La mayoría de posiciones están sobre un sistema cerrado y tradicional, y hay un límite a lo que se puede conseguir de esta manera”.

Regresando al optimismo por el aparente cambio, el investigador austriaco del CNIO Erwin Wagner opina que “la falta de tradición científica en España es una ventaja, porque la gente aquí está muy motivada. Es algo nuevo, y están entusiasmados”. ¿Habrá dos ciencias en España, una en peligro de decadencia pero otra en plena emergencia, y no nos habíamos dado cuenta?

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